HISTORIA DE VIDA


Edición Número 257 del 15 de Julio de 2019

JOSÉ FERMÍN CABELLO
JOSÉ FERMÍN CABELLO
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

José Fermín Cabello nació el 20 de febrero de 1943 en La Consulta, San Carlos. Sus padres fueron Dora Ángela Méndez y Filomeno Cabello. El matrimonio tuvo nuevo hijos: Aurora (fallecida), María (fallecida), Emilia, Francisco, Lucía, José Fermín, Olga, Arturo y Alicia (fallecida)

“Mi padre era chacarero y mi madre ama de casa. Él sembraba tomate, pimiento, papas, cebollas, maíz. El departamento de San Carlos tiene la particularidad de tener muchísimas zonas donde se hacen chacras y eso hizo que mi familia permanentemente fuera cambiando de domicilio. Eso hizo que mi educación escolar fuera muy escasa porque cuando tendría que haber ingresado a la escuela vivíamos en una zona que se llama El Chacay, cerca de Tunuyán, donde no había escuela. La ruta 40 no tenía el trazado actual, sino que iba de Eugenio Bustos a una parte que se llama Chacón y de ahí salía al puente del río Tunuyán. Mi familia se trasladó a un lugar al sur de Pareditas que se llama Piedras Blancas y ahí, con ocho años, empecé la escuela en Pareditas, cuando a primer grado se le llamaba Infantil. Al año volvimos a La Consulta, en la finca de Facundo Suárez (padre del político Facundo Suárez Lastra), pero mi padre se demoró en inscribirme en la escuela Adolfo Tula y perdí ese año. Al año siguiente pude ir y ahí tuve como compañero al famoso cantante Daniel Altamirano y sus hermanos. Después pasamos a vivir en Casas viejas, donde no había una escuela y me tocaba ir a la Vicente Ortíz, que quedaba lejísimo de mi casa. La escuelita funcionaba en la casa de la familia Coronel, me acuerdo que la maestra se iba tomar mates con las dueñas de casa y me dejaba a cargo de los chicos, porque era el más grande, yo con 11 años estaba en segundo grado, pero hacía las tareas de primer grado. Así pasé de grado, pero sin saber lo de segundo. Después pasé a la escuela Carrasco, que quedaba en Tres Esquinas. La escuela funcionaba en la casa de la familia Carrasco que el hombre tenía dos hijas maestras, como él sabía que mi padre era chacarero me mandaba a sacar zapallos o maíz, por eso casi no estaba en clase. Cuando nos trasladamos a Chilecito fui a la escuela 9 de julio, una escuela muy completa. Ya tenía 14 años y estaba en cuarto grado, pero no tenía ni idea, aunque aprendí las medidas de volumen y distancia. Como era alto, ya tenía 14 años y mis compañeros nuevo o diez, me daba vergüenza ir a clases, hasta que un día decidí dejar de estudiar para irme a trabajar con mi papá en la chacra”, comentó Cabello al repasar su infancia.

A la edad de 16 años ingresó a trabajar en una destilería de menta, propiedad de Juan Matas, que funcionaba cerca de su domicilio. Lo hizo hasta la edad de 21 años, cuando cumplió con el servicio militar obligatorio en regimiento del Ejército en Campo de los Andes.

Tras cumplir con la Patria, pasó a desempeñarse en un establecimiento agrícola de John A. Walker donde cumplió tareas de poda y luego de administración hasta que a la edad de 26 años ingresó a Gendarmería Nacional, en Mendoza. Dos meses después fue asignado al escuadrón 29 Malargüe, era el 04 de abril de 1969.

“En esos años era un escuadrón escuela, por lo que lo primero hice fue el periodo de reclutamiento. Gracias al cabo 1ro. Echegaray pasé a ser chofer. En el año 1971 llegaron los primeros camiones Unimog y me designaban para ir a la cordillera. Ahí fue cuando el Instituto Geográfico Militar puso los famosos hitos y se prohibió que los chilenos tuvieran veranadas de este lado de la cordillera, porque hasta entonces las tenían hasta el puesto de doña Ángela Guajardo. La verdad que recorrí todo el departamento como conductor, también hice viajes a otros lugares”, puntualizó el hombre.

Le cupo participación en la captura de un grupo de chilenos que ingresó ilegalmente,portando armas, a nuestro país tras el derrocamiento de Salvador Allende por parte de Augusto Pinochet.

Aunque le gustaba mucho ese trabajo lo dejó por razones de índole privada, relacionada con el fallecimiento de un hijo.

Pasó a trabajar, durante cinco años, en Guillén, empresa de transporte que llevaba a los pozos petroleros al personal de Astraford.

Siendo Director del hospital Malargüe el desaparecido médico Pedro Cristóbal Ruíz fue convocado para prestar servicio como chofer en el servicio de ambulancias.

“Tengo muchos recuerdo de ese trabajo, donde estuve 27 años. Recibí muchos cursos de primeros auxilios porque la mayoría de los traslados los hacía solo con un enfermero o enfermera, entonces uno también tenía que estar preparado para dar una mano. Recuerdo que participé auxiliando a unos policías que tuvieron un accidente grave cerca de mina Ethel. Otra vez me tocó hacer un traslado de un accidentado en la calle Fortín Malargüe, frente a corralón Giménez. Llegamos con la enfermera, que no tenía mucha experiencia. Había mucha gente. Lo primero que hice fue hacerle poner al hombre el collarín, después bajé la tabla rígida para cargarlos a la ambulancia, algunas personas reclamaron porque no usamos la camilla, pero lo que pasa que no sabían que este tipo de traslados, para evitar algún daño mayor debe hacerse de esa manera, las que hay que aguantar a veces (risas). Otra vez tuvimos que ir con Juanita Cara a buscar a una señora embarazada de un puesto arriba de El Sosneado. La mujer subió sola a la parte trasera pero parece que el movimiento del vehículo le hizo apurar el parto y lo tuvimos que atender en el camino”, contó Cabello con nostalgia.

Cuando le pregunté cómo manejaba la ansiedad en los traslados de enfermemos graves, aquellos que dependen de la velocidad que se le imprime a la ambulancia para salvar su vida me dijo: “A uno le preocupa la vida de la persona, que no se vaya a morir por una tardanza o demora, pero aprendí que la velocidad del vehículo no lo es todo, es un traslado aprendí esa lección. Resulta llevaba un traslado y ya entre la Virgen de los vientos y La Bandera iba a 140 km/h.. El médico que me acompañaba me dijo que por qué conducía tan rápido, a lo que le contesté que era por la gravedad del paciente, y él me dijo que si a esa velocidad se reventaba una cubierta lo más probable era que nos diéramos vuelta, por lo que podría morir el paciente, su esposa, la enfermera, él mismo y yo, además que si venía un vehículo de frente podrían morir todos sus ocupantes. Cuando se ordena un traslado los pacientes van medicados para llegar hasta el lugar de destino, si ocurre la muerte en el trayecto lo más probable es que se hubiera producido si estaba en el hospital…Una vez me tocó trasladar a un conductor de un camión que tuvo un accidente muy grave en El Chihuido, era una noche muy oscura y me quedé sin luz en la ambulancia, solucioné el problema con una linterna que llevaba porque hice un puente hasta que hice andar la luz alta y así llegué hasta el hospital. Lamentablemente también me pasó que se me murieran pacientes mientras los trasladaba, como un señor Saavedra con quién éramos amigos o un bebé que falleció a frente a los bomberos de San Rafael, tres cuadras antes de llegar al hospital”.

Jubilado desde hace 10 años y por una enfermedad al corazón hoy es un empedernido caminador, de una profunda fe católica.

José Cabello está casado Nélida Gaita, nacida el 1 de diciembre de 1948, con quien tuvo cuatro hijos: Laura, Javier (fallecido), Roberto y Fernando. Tienen siete nietos.

Nélida es malargüina, hija de María Navarro y Jacinto Benito quienes supieron ser ganaderos en la zona de Los Molles. Ella trabajó durante 41 años como auxiliar de farmacia en el hospital Malargüe junto a la recordada Melania Ana Kaczor, la primera farmacéutica de ese centro asistencial.
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