HISTORIA DE VIDA


Edición Número 261 del 15 de Setiembre de 2019

ANA MARÍA CRUZ
ANA MARÍA CRUZ

Ana María Cruz nació el 11 de diciembre de 1946 en San Rafael. Fueron sus padres Teresa Llorente y Francisco Cruz. Tiene un solo hermano, el sacerdote salesiano Juan Carlos.

Tuvo, según sus propias palabras, una infancia “bella” en el hogar que compartía la familia con los abuelos maternos oriundos de Castilla la vieja y que llegaron a nuestro país huyendo la de guerra para establecerse y trabajar. Esos abuelos habían llegado a Villa Atuel donde sufrieron las estafas y la esclavitud de tener que trabajar solamente por la comida a la espera de un ahorro que le guardaban los patrones que nunca se concretó.

Los padres de “Anita”, como todos quienes hemos tenido la oportunidad de tratar con ella cariñosamente le decimos, alentaron permanentemente a sus dos hijos al estudio mediante la adquisición de libros nuevos o usados. La mesa familiar se ordenaba luego del almuerzo para albergar Atlas, cuadernos, carpetas, lápices y colores que se usaban para realizar las tareas escolares en familia. Los enviaron a clases de danzas españolas y en cada encuentro familiar la música estaba presente.

Los Cruz Llorente vivían en calle Chile, a media cuadra de Av. Moreno, y concurrieron a la escuela 25 de Mayoen la ciudad de San Rafael. Anita hizo su secundario en la escuela Normal Mixta donde obtuvo el título de Maestra Normal Nacional y luego realizaría el profesorado de Castellano, literatura y latín. Juan Carlos se recibió de Ingeniero aeronáutico en Córdoba y luego ingresó al seminario.

Ana vivió su primera experiencia como docente realizando reemplazos en la escuela Vergara de la ciudad de San Rafael y más tarde en Rincón del Atuel.

Durante 10 años fue bedel (preceptora) en el Instituto del Carmen, donde había obtenido su profesorado, que por entonces dictaba ocho carreras.

El 10 de marzo de 1980 llegó a Malargüe junto a su esposo y su hijo mayor “Isidorito”, que por entonces contaba con cinco años, para habilitar una zapatería en Av. San Martín casi Fortín MalalHué.Tiempo después comenzaría dictar clases en el Instituto Secundario Malargüe, más tarde lo haría en las escuelas Técnica minera, Aborigen americano y James Cronin. La familia tuvo una fábrica de pastas en Av. San Martín e Illescas.

“En Malargüe desde un principio me sentí muy bien, sobre todo por la gente sencilla, no había elitismo. El mismo año que llegué hice una audición de cuentos para niños por radio Malargüe. Traía la pasión por la cultura, había influido en mí cuando vivía en San Rafael la señora Hortensia de Vázquez, que era una artista plástica que tenía su casa en calle Coronel Suárez junto al Banco Nación y estaba abierta todo lo que fuera arte. En el programa de radio leía cuentos, muchos de María Elena Walsh y Javier Villafañe que eran autores que yo le leía a mi hijo. Al año siguiente tuvimos la invitación del poeta Alfredo Nomi que era el presidente la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) San Rafael y quería integrar a la institución a General Alvear y Malargüe. Luego el visitó el departamento y así se formó la delegación de SADE Malargüe el 14 de noviembre de 1981. La primera actividad que realizamos fue un concurso de villancicos navideños, cuya premiación se realizó en la plaza San Martín” evocó la mujer.

En la época era Director municipal de Cultura José Pandolfo, quien facilitó la llegada de la entidad al departamento. Ana fue elegida presidente, Andrea Ojeda vicepresidente y participaron de la primera comisión Nilda Riera, Héctor Riquelme, Blanca Carolina Páez, Olga de Bastías, MirellaCarbayar, Osvaldo Jofré y Juan Chilaca. Las reuniones eran en las casas de los socios, como generalmente ha pasado hasta estos días en que la municipalidad de Malargüe les ha cedido en comodato una vivienda ubicada en calle Salas y Estela Juin.

“Era hermoso reunirnos en las casas o en cafés del centro, me acuerdo de uno ubicado en Villegas y San Martín, donde nos quedábamos hasta la una de la madrugada leyendo poemas o planificando alguna actividad, tomando café mientras afuera nevaba o hacía un frío intenso. Era un grupo tan hermoso porque no había ansias de protagonismo, todos colaborábamos haciendo empanadas los fines de semana para que uno pudiera publicar su libro, que eran sencillos, realizados en la imprenta El Fortín de San Rafael. Hicimos numerosas plaquetas literarias, programas de radio, me acuerdo que uno se llamaba Las luces de mi ciudad, donde convocábamos no solo a escritores sino a todos los artistas porque en cada presentación de libro o plaqueta literaria siempre ha estado el arte presente ya sea con una escultura, pinturas y nuestros músicos que siempre nos acompañaron” señaló Anita, que no se define como escritora pero que siempre realizó su contribución técnica a quien se lo solicitó.

La SADE tuvo en sus inicios una febril actividad. La primera plaqueta literaria que publicó en 1983 se denomina “Esperanza y realidad a través de sus poemas”, de autores varios, a la que le siguieron “Tradiciones, usos y costumbres” autores varios y “Nostalgias” de Juan Anibal Vera, “Cuentos de mi Patria nueva” de MirellaCarbayar y otras de Julián Contreras, Rosa Laura Jaque, Mario Vicinguerra, Faustino Bravo, Ramón Gil Domínguez, Héctor Orlando Sevillano, Asencio Villar, Miriam Flores de Herrera, Laura Di Pascua y Diana Carmen Ruíz. A ellas se sumaron libros de Viviana Fernández Bourquet, Blanca Carolina Páez, Juan Anibal Vera, Oscar “Condorito” Oyarzo, Ángelica Morales, colección “Poetas jóvenes”, entre otros.En el último tiempo han podido ver la luz las obras de Eduardo Aburto, Martín Sánchez, Pedro Martínez y Osvaldo Zapata.

Al asumir la intendencia en 1990 José Gabriel Ferrero le confió a Ana María Cruz la Dirección de Cultura donde pudo desarrollar en solo siete meses una labor que marcó un camino, a tal punto que el intendente Jorge Vergara Martínez, que ganó las elecciones de 1991 la confirmó en el cargo, al que renunció por razones personales un año después.

Sobre la fructífera labor de SADE en 1992 surgió el Centro Cultural ConVocación que le abrió las puertas al arte en general en las instalaciones de Luz y Fuerza, ubicadas en calle Puebla casi Cmte. Salas.

Tiempo después condujo y produjo el programa “Imagen de cultura”, que se emitió por la señal de Pehuenche CTC, entonces propiedad de la señora Norma Marengo de Cabús.

El Centro Cultural ConVocación no contemplaba en sus estatutos la posibilidad de trabajar en materia educativa, por lo que sus integrantes conformaron la Fundación Messis (semilla en latín). Las ya emblemáticas “Jornadas cordillera sur” son fruto de esa institución.

Cuando le consulté respecto del financiamiento de las instituciones culturales en las que ha participado dijo: “Todos los proyectos en que hemos trabajado en las instituciones culturales han sido financiados a pulmón, mediante muchísimas gestiones, golpeando puertas. Los hoteles de Malargüe siempre han sido muy generosos con nosotros, recuerdo que cuando no teníamos el Centro de convenciones nuestras actividades culturales las hacíamos en el Hotel de turismo o en el ex hotel Pehuén”.

Destacó el trabajo junto a ella de Ruth Mercado, Angélica Morales, Rosa Laura Jaque, Elisa Berbel, Leticia Martínez, Verónica Morales, Albina Gómez, Silvia Ferraris de Santos.

Ana María Cruz recibió la distinción sanmartiniana que entrega la legislatura de Mendoza en 2011 y recientemente el Honorable Concejo Deliberante la reconoció por su trayectoria de apoyo a la poesía y literatura malargüina. Tiene tres hijos: Isidoro Luis, Juan Fernando y Andrés Martín y un nieto, David Ignacio.

Forma parte de la Renovación Carismática Católica. Al hablar de su incursión en ella manifestó: “A partir de ahí he visto (se emociona) la mano de Dios en todo lo que he podido hacer. Jesús es el motor de nuestra vida, lo único que hay que hacerle es abrirle el corazón, sabiendo que el picaporte está dentro nuestro”.

En algunos días partirá a vivir a la ciudad de Córdoba, donde actualmente residen dos de sus hijos y está destinado como sacerdote su hermano Juan Carlos, de allí que sobre final de la conversación que mantuvimos el pasado jueves, cafecito de por medio, le pedimos que pusiera palabras a sus casi 40 años en Malargüe. Con los ojos mojados de lágrimas señalo “ha sido una etapa bella, llena de amor, en la que por gracia de Dios siempre he tenido el corazón en paz. Me llevo muchos buenos recuerdos”.

¡Gracias, Anita, por tanta entrega y por hacernos valorar lo mucho que tenemos para ofrecer en materia cultural los malargüinos!
OTRAS DE LA SECCIÓN HISTORIA DE VIDA